Publicado sobre: Lun, May 11th, 2015

Cómo Estados Unidos ayudó a la creación de Estado Islámico

El grupo extremista más fuerte de la actualidad, Estado Islámico, nació en el que debió ser el más improbable de los lugares: una prisión estadounidense en el desierto de Irak.

Así concuerdan al menos los analistas y los comandantes a cargo de la instalación y los soldados que trabajaron en ella.

Camp Bucca no era su nombre original. Tras la invasión de Irak, las fuerzas británicas la llamaron Camp Freddy.

Pero en abril de 2003, cuando los estadounidenses tomaron el control del campo de detención, lo rebautizaron en honor a Ronald Bucca, un jefe de bomberos de Nueva York que murió por las labores de rescate tras el ataque del 11 de septiembre de 2011 a las Torres Gemelas.

La prisión, situada a las afueras de la ciudad sureña de Basora, fue considerada la cárcel modelo de EE.UU., con unidades habitacionales de cemento y techo de madera, actividades gestionadas por los propios reclusos, y derecho a visita familiar y atención médica.

Llegó a tener 27.000 detenidos repartidos en 24 campos y clasificados con trajes de colores según su estatus; muchos de ellos transferidos de Abu Ghraib tras el escándalo por torturas y abusos a prisioneros.

Por sus instalaciones pasaron, entre otros, nueve miembros de la cúpula de EI, de acuerdo al informe The Islamic State, de Soufan Group, una organización que ofrece servicios estratégicos de inteligencia de seguridad a gobiernos y multinacionales, publicado en noviembre del año pasado.

“Universidad de terroristas”

El líder del grupo yihadista, Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado califa y “líder de todos los musulmanes”, por ejemplo, permaneció en Camp Bucca cinco años.

Lo trasladaron tras detenerlo en Fallujah, al oeste de la capital, Bagdad, en febrero 2004.

Llegó a tener 27.000 detenidos repartidos en 24 campos y clasificados con trajes de colores según su estatus.

Tenía 33 años y no habían pasado muchos meses desde que ayudara a fundar Jeish Ahl al-Sunnah al-Jamaah, un grupo militante que había echado raíces en las comunidades sunitas alrededor de su ciudad natal, Samarra.

Eran tiempos en los que la insurgencia sunita contra EE.UU. estaba cobrando fuerza en el país.

Pero el grupo que ayudó a fundar no era muy conocido, así que llegó a la prisión con perfil bajo. “Los estadounidenses no sabían a quién tenían”, dijo sobre él Hisham al-Hashimi, un asesor del actual gobierno iraquí.

Allí, en Camp Bucca, Al Baghdadi coincidió con el que después sería su número dos en EI, Abu Muslim al-Turkmani, así como con el experimentado militar Haji Bakr, hoy fallecido.

También permaneció en el campo de detención Abu Qasim, líder de los combatientes extranjeros, según Soufan Group.

Y los analistas señalan que es probable que estos hombres fueran extremistas cuando entraron en la prisión, pero seguro que lo eran cuando salieron de ella.

Por sus instalaciones pasaron, entre otros, nueve miembros de la cúpula de EI, de acuerdo al informe The Islamic State, de Soufan Group.

“Antes de su detención, Al Baghdadi y otros eran radicales violentos (…), pero su tiempo en prisión hizo más profundo su extremismo y les dio la oportunidad de aumentar el número de seguidores”, escribió el antiguo militar Andrew Thompson en en diario The New York Times en noviembre de 2014.

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